miércoles, 17 de diciembre de 2014

El Tiempo y Tú

El Tiempo y Tú

El tiempo no es suficiente
si de recordarte se trata.
No te he visto, ni sentido
pero no has dejado de estar ahí.
Escondida, entre las sombras
siendo luz.
Camuflada, entre los rostros
siendo Tú.
Oculta, a plena vista
con tu sonrisa.

El tiempo es la medida
si de esperarte se trata.
No te veo, ni te siento
pero sé que siempre estás ahí.
Suave, entre ilimitadas
mil caricias.
Confortante, entre amorosos
brazos eternos.
Dulce, a la espera
con un tierno beso.

El tiempo es lo único que tengo
si de toparnos se trata.
No te veré, ni sentiré
pero sé que vas a estar ahí.
Cercana, entre tenaces
palabras de aliento.
Efusiva, entre poderosos
sueños anhelados.
Afortunada, de haber amado
con locura.

AldoRF

"Te puedes demorar lo que quieras, pero asegúrame que a mí vas a llegar..."

lunes, 19 de mayo de 2014

Demonio

DEMONIO

En un infierno sobre la Tierra,
de suplicio orbitario.
En un paraíso defectuoso,
de gloria insuficiente.

Las personas son demonios
y los ángeles, ilusiones.
Las ilusiones son engaño
y el engaño, una persona.

En la persona todo un mundo,
de anhelos y locuras.
En su mundo, mil demonios
de secretos y recuerdos.

Las locuras son deseos
y los anhelos, sueños son.
Los secretos son promesas
y el recuerdo de una vida.

Y la vida, muy oculta
en las sombras de los grises.
Y en los grises, un destello
de pasiones encubiertas.

El cubierto es persona
y la persona es un niño.
Ese niño es un demonio
y el demonio, solo yo.



AldoRF

domingo, 20 de abril de 2014

El Otro Par

El Otro Par

Uno era un joven común, se levantaba antes de salir el sol, no desayunaba pero llegaba temprano a clases, pasaba parte de la mañana divagando, esperaba regresar a casa para comer y leía por las tardes, algunas veces se escapaba y se lanzaba de fondo dentro de una novela, tenía amigos y reía con ellos, nadie nunca lo vio llorar, le gustaba escuchar más que hablar, escondía sus secretos bajo una capa de seriedad y calma, muchos lo veían pero muy pocos lo conocían, y sobretodo pretendía estar bien todos y cada uno de los días de la semana. Se llamaba Adolfo, como dije, muy común. Ah sí, tenía otro par.

El otro par, hacía lo que quería, dormía todo el tiempo, hablaba hasta por los codos, no tenía secretos, era abierto y confiado, risueño y divertido, leía historietas y le encantaban las películas, tenía muy pocos amigos y no los veía todo el tiempo, era un tipo impulsivo, a veces demasiado pero actuaba y se emocionaba mucho más que el otro, algunas veces incluso se podía ver la lluvia en sus ojos.

Ciertamente opuestos, no se llevaban muy bien, lo que hacía Adolfo lo deshacía el otro par, lo que el primero contaba el otro lo desmentía, por cada acto de cobardía había otro de valentía, por cada acción premeditada habían dos impulsivas, por cada secreto guardado le seguían dos traiciones juntas, por cada mujer amada le seguía un corazón en pedazos.

Parecían no querer presentarse a lo amigos del otro, y eran raras las ocasiones en las que se encontraban en el mismo lugar. Una tarde salieron por su cuenta y no se dijeron absolutamente nada, ese día ocurrió un desastre en la ciudad, se necesitaba de la ayuda de una persona, vidas dependían de ello, por simples casualidades estaban ahí, los dos, comprendían la situación, y como si se tratase de un espejo, el uno era el reflejo del otro.

Quién lo diría que este par, trabajaría junto, en armonía, lado a lado, espalda con espalda, cubriéndose el uno al otro, apoyándose como hermanos, como un par de gotas de agua. Aprendieron algo ese día, juntos podían hacer cosas increíbles, muchas veces hasta extraordinarias. Sin embargo, esto no duró demasiado, pocas situaciones y excepcionalmente personas hacían que se mantuvieran juntos, la tregua había acabado.

Lo mejor de todo era que unidos, se hacían mucho más bien que el que pensaban que le hacían a la ciudad o a sus amigos, más que todo era verlos ser lo más cercano a felices que alcanzaba. Hay algo que no dije: estos no eran Adolfo y su otro par, eran la misma persona, era solo Adolfo. Me pregunto si algo o alguien los hará juntarse. Me pregunto si hay otro par como ellos…

Aldo RF
En honor a "El Otro Yo" de Mario Benedetti.

domingo, 9 de febrero de 2014

Anécdotas médicas: Pase lo que pase

Anécdotas médicas: Pase lo que pase

El año pasado mis compañeros y yo tuvimos la oportunidad de ver a un paciente cuyo caso era una cirrosis, tenía como un día de hospitalizado debido a una descompensación de su enfermedad, para saber de su estado y conocer más acerca de la historia de su patología era necesario preguntarle a él, pero ya que no se encontraba físicamente dispuesto a ayudarnos el siguiente paso es preguntar a sus familiares, solo nos daban referencia de su hija que venía a verlo algunas veces, el resto del tiempo se quedaba solo y sentado en su silla de ruedas. En esos momentos puedes cuestionar y preguntarte todo lo que quieras sobre qué clase de hijos o familia tenía este señor, pero no debes ni cuestionar ni juzgar o inferir acerca de esto, para todo hay una razón (justificable o no).

Después de algún par de horas, su hija llegó, conversamos con ella, cómo no es de sorprenderse en esta carrera algunas veces o muchas veces, las personas querrán contarte incluso hasta cosas no relacionadas al campo médico, mi consejo es que escuches, no porque debes sino porque quieres, todos desean hacer catarsis y sobretodo ser escuchados (y eso muchas veces alivia más que un analgésico). El problema a todo era que tanto la hija como la esposa y familia guardaban cierto rencor hacia su padre, por errores que él muy consciente cometió y cometía todavía, lo que hicieron fue cada uno seguir con su vida, y al parecer el señor así lo hizo, sé que no va al tema pero dicen que si una pareja se separa siempre es el hombre el que consigue más rápido a otra persona, lo curioso es que esta persona se mantuvo siempre al lado de este señor, excepto hasta que un día fue diagnosticado de esta enfermedad y tan simple como llegó a su vida, desapareció.

No importando toda la historia pasada y los hechos ocurridos, la hija todavía se preocupaba y seguía velando a su manera por su padre, quizás solo ella y las cosas que nos contó a nosotros hacían que salvarlo de su conducta sea muy difícil, y quizás también los hijos no deberían pagar por los pecados de los padres, pero estas cosas me hacen confirmar y recordar lo que mi madre me enseñó y enseña, uno nunca se rinde con la familia, uno nunca abandona a la familia, no importa que tan lejos del buen camino o que tan difícil se torne salvarlos, uno nunca se rinde con la familia. Doy gracias por siempre haberlo sabido y pido por quiénes lo saben y continúan.



AldoRF

miércoles, 29 de enero de 2014

Rompecabezas

Rompecabezas

Si quieres entregar el corazón, te dicen que lo entregues todo, y con eso muchos se refieren a entero, tomando en cuenta que ya algunos lo tenemos roto, hecho pedazos, en picadillo, nadie lo va a querer, nos lo devolverán, como ya seguramente lo habrán hecho. Pero déjenme decirles algo, hay personas fuera de lo común, aceptan corazones rotos y hasta se dice que los arreglan, cuando los cruzamos solemos cometer un error: guardamos ciertos pedacitos por miedo a algo o qué sé yo otra razón, siendo así nadie puede arreglar, armar o pegar algo si no están todas las piezas ¿cierto? Entonces vienen los problemas, ellos piensan que ya nos arreglaron (como si hubiese algo que arreglar, ese es su error, piensan que eres algo que pueden arreglar).

Todavía no he terminado, déjenme decirles algo más, existen incluso otras personas, unas excepcionales, ellos no solo aceptan corazones rotos, saben que quizá o definitivamente no se pueden arreglar, pero quieren que los pedazos estén lo más juntos posibles, así que si les das algunos pedazos, tarde o temprano lo notarán, ellos no se alejarán de ti y no se rendirán hasta obtener todas las piezas, porque saben; lo saben créanme, que esas piezas no las van a conseguir así de fácil, no porque nos hagamos los difíciles, o porque no las merezcan, sino que recuerdan, recuerdan bien que estamos rotos. Aquí viene lo curioso… en su mayoría (siendo por cierto muy escasos) son personas con corazones rotos, hechos pedazos, en picadillo o ‘defectuosos’, seguramente alguien tuvo que empezar con esto, o simplemente juntaron sus partes, para no permitir que le vuelva a pasar a alguien más. Nunca más.

Así que, si quieres entregar el corazón, te digo que lo entregues todo, no entero pero sí, completo. Y si conoces a personas así, dáselos a ellos, y nunca los dejes ir. Cuídales el corazón también.



Regresando a lo anticuado.

Aldo Ríos Flores

sábado, 27 de julio de 2013

No es Poesía

No es Poesía

Que destile letras sobre un pedazo de papel arrugado
no es poesía.

Que transforme una lágrima silenciosa
en una palabra atronadora llena de voz
no es poesía.

Que dibuje una sonrisa ilusoria
cuando los labios no quieran hacerlo
no es poesía.

Que trace una impetuosa emoción
y la haga retumbar en los ojos
no es poesía.

Que restaure un olvidado sentimiento
dándole sentido a su existencia
no es poesía.

Que acomode un poco el abecedario
y conecte las palabras entre sí
no es poesía.

Que desnude mi ser voluntariamente
cuando mi alma está inquieta
no es poesía.

Que niegue todo lo que yo creo es poesía
no es para nada poesía.




Esta noche en la que sé al menos, que todavía puedo escribir, aunque no sea poesía.

Aldo Ríos Flores

jueves, 20 de junio de 2013

La Carta del Príncipe Gris

Amor mío,

Tu problema y el de casi todas en la ciudad ha sido el vestir de azul a cada nuevo hombre que entraba en sus vidas. Ciertamente tenías pensado vestirme a mí también de azul, y no, no me quejo de ello. Pero en cuanto te diste cuenta que yo no me rendía a tus caprichos, que no obedecía con fe ciega tus pedidos, que no rogaba hasta la madrugada por tu atención, que era muy sombrío, que resaltaban mis defectos antes que mis virtudes, que tenía limitaciones y carencias, que era ante todo libre y amaba mi soledad, que tenía muchas cosas que te eran insoportables. Cuando te diste cuenta que el vestir de azul no era lo mío, comenzaste a creer que realmente veías lo que yo era, un gris y solitario monstruo.

Entonces todo cambió, dejaste de ver muchas otras cosas, como me tragaba mi orgullo aunque no siempre te lo merecías, como permanecía a tu lado cuando me dabas razones para marcharme, como yo te quería sin medida cuando tú sí le ponías cantidad, como aún con todo esto yo me enamoraba de todo tu infierno, y tú al conocer el mío, saliste corriendo con la primera llama que te quemó. Y tú, ni sabías que yo ya estaba incinerado, muerto, hecho cenizas, pero mi amor renacía como un fénix, y no lo viste.

Todavía recuerdo ese día, me comenzaste a llamar ‘el gris’, y todos en la ciudad murmuraban al verme y decían ‘el príncipe gris’, el nuevo prometido de la princesa. Recuerdo también que ese brillo en tus ojos que tanto me gustaba, solo aparecía cuando hablabas con tus amigas y de sus prometidos, esos hombres vestidos de azul por ellas, idealizados al máximo, esos sin libertad que se hacían pasar por caballeros o nobles solo para llamar la atención de sus mujeres.

Acepto el nombre que se me ha dado, pero algo yo he de saber y que los demás y tú no pudieron, el gris no es el único color que tengo en mí, tengo la absoluta y completa capacidad de ser el que yo quiera, pero como habrían de saberlo, si piensan que la vida es solo color y no grises y sombras también.

¿Sabes? Tu problema y el de casi todas en la ciudad ha sido el vestir de azul a cada nuevo hombre que entraba en sus vidas. El problema es que visten de azul a cada bufón del pueblo, a cada charlatán y mentiroso del pueblo. El problema es que han vestido y visten de azul a todos aquellos que ni siquiera han rogado al destino por una oportunidad, y que aun así la tienen. Pero qué sé yo, tal vez en otra ciudad, el problema de los hombres sea tratar como princesa a todas aquellas incluso a las que no se lo merecen.

Hasta siempre,
El Príncipe Gris.

Aldo Ríos Flores